jueves, 10 de octubre de 2013

Siempre he creído en las historias de amor... Esas historias de amor de verdad, desgarradoras, esas que no siempre tienen un principio definido pero siempre, inexorablemente, tienen un final.
Esas que están condenadas a esfumarse un día en el tiempo, a difuminarse como el humo de un cigarrillo que alguna vez sostuviste entre las manos... a través de una mirada.
Historias de amor en las que nunca hay un reproche, en las que nunca existió el dolor...
 El dolor siempre se olvida... solo queda la historia, una historia que comenzó... y que terminó. Una historia que se quedó en ti, que te arrancó un pedacito de algo que llevabas dentro, que nunca podrás definir, que nunca podrás convertir en algo tangible... Tan solo la viviste... fuiste parte de esa historia... una historia que te cambió, que te transformó... Esa historia que un día, aunque ya ni siquiera lo recuerdes comenzó y que como todas las historias de amor... Acabó.

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